Álex de la Iglesia dice adiós a su musa, Terele Pávez, con una emotiva carta

«Era más grande que la vida»
Álex de la Iglesia junto a su musa Terele delante del cartel de 'Las brujas de Zugarramundi', película con la que ella ganó un Goya  | Gtres

 

El director bilbaino, que está desolado, trabajó en nueve ocasiones con la actriz recientemente fallecida. «Es difícil sobreponerse a la pena, pero es más fuerte el terror, el miedo que te invade al comprobar que es verdad, que esa persona que ha construido tu vida se está yendo para siempre». Álex de la Iglesia tenía una musa indiscutible, y esa era Terele Pávez, fallecida este viernes 11 de agosto a causa de un derrame cerebral a los 78 años, por eso le ha dedicado unas tiernas palabras en una carta abierta muy emotiva publicada en ‘El país’.


 «Cuando llegué al hospital ya estaba en coma. Su hijo Carolo me recibió con un abrazo de esos que reconfortan y duelen, porque te estrujan el alma», relata el cineasta. « ¿Qué podía decir para que volviera con nosotros? ¿Que me es imposible vivir sin ella? ¿Decirle todo lo que significaba para mí? No le hubiera gustado nada», prosigue. «Su nivel de sensibilidad te anulaba, su mirada te taladraba. Te miraba por dentro, no sé si habéis notado esa sensación. No soportaba la pose, la mentira: la única manera de establecer contacto con ella era hablarle con el mismo nivel de verdad, y cuando se daba esa magia, era ella la que se postraba ante ti y te decía: te entrego mi corazón, haz con él lo que quieras».

 

«Terele era un prestidigitador sin trucos. Un mago que hace magia de verdad. Su expresión era el producto de su manera de entender la vida: sin concesiones. Accedía sin esfuerzo al más profundo de los sentimientos porque ella ya había estado allí anteriormente. Terele vivió más de mil vidas, todas de una intensidad inimaginable. Es normal que fuese la mejor actriz que he visto jamás. Nosotros no éramos más que muñecos en su presencia, tristes títeres manipulables. Terele es el espíritu de la grandeza, de la verdad, del temperamento. Es la fuerza, es la valentía de ser incorregible. Es la dulzura del que lo sabe todo y no pretende nada. Es la ternura del que siente lástima por los que sufren, porque nadie ha amado tanto como ella. Y digo que es porque no ha muerto, no puede morir, nadie puede con ella. Ni la misma muerte», concluye la carta donde se ve a un Álex destrozado pero orgulloso de su gran amiga. Aunque sus palabras solo son un ejemplo de lo que siente todo el mundo de la cultura.




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