La historia del hombre que murió defendiendo a un anciano de una paliza

Victoriano, el vagabundo agredido, ha decidido declarar para que los encuentren y les juzguen
Mariano, el hombre de 69 años que defendió a otro de la paliza de unos jóvenes | Cedida

 

Mariano, de 69 años, ahora es conocido por un triste suceso que tuvo lugar hace apenas unos días. Cuando paseaba con su mujer por los alrededores de la parada de metro de Alonso de Mendoza, vio a un anciano de unos 75 años que sangraba por una oreja mientras algunos jóvenes le golpeaban. Sin pensarlo, se acercó e inquirió: «¿Por qué le pegas? Es un hombre mayor, podría ser tu abuelo –le dijo al grupo, que en Internet se etiquetaba como #lamafia.


El metro de Alonso de Mendoza, en las inmediaciones del cual se llevó a cabo la agresión | Cedida

 

«Porque es un cabrón, y un hijo de puta», le respondió una de las chicas del grupo, donde había un varón y dos mujeres. «No lo es, y mira cómo sangra», respondió Isabel, la mujer de Mariano, a la que comenzaron a escupir, empezando a pegar a Mariano, que se desplomó. Los jóvenes huyeron e Isabel comenzó a pedir ayuda a gritos. El vigilante del metro acudió en su ayuda para darle los primeros auxilios ante la tardanza de la ambulancia, que llegó a los 45 minutos. Según una crónica de El Mundo, Mariano era así de sencillo, campechano y solidario. 

 

Pero nada pudieron hacer por su vida, y finalmente falleció de un ataque al corazón. Primer voluntario del comedor social de Villaverde de Mensajeros de la Paz, Mariano era conocido por todo el mundo. Había sido mecánico de la eurodiputada Paca Sauquillo y había ayudado siempre a los más necesitados. En palabras del Padre Ángel, que también le conocía, Mariano es «uno de los nuevos mártires de la sociedad».

 


Mariano conoció con dieciséis años a la que fue su mujer para toda la vida. Natural de Arévalo, Ávila, donde fue enterrado, se mudó con ella a Madrid, donde se casaron a los 21. Hace unos tres años se jubiló y pasó a formar parte del grupo de voluntarios de Mensajeros por la Paz. Vivía en un barrio obrero de Getafe, que no brillaba por su seguridad. «Aquí les han perdido el respeto. Les atacan, se burlan de ellos y les roban», comentaba una dependienta sobre los ancianos de la zona.

 

Grupo de voluntarios de los Mensajeros de la Paz. A la derecha, atrás, Mariano. | Cedida

 

Un hombre le cuenta a la dependienta las nuevas noticias: «Estuve hablando con el abuelo que ayudó, Victoriano», el hombre al que Mariano defendió. «Está arrepentido por irse .Se fue solo a su casa. Esta tarde dice que va a ir a la Policía a reconocer a los que les agredieron», explicaba el recién llegado. Su viuda asegura que «Tenía un corazón grandísimo. Por eso le pasó lo que le pasó. Se ha ido como un héroe».

 

En un documental de Mensajeros por la Paz se puede ver a Mariano en plena acción con los más necesitados, y comenta a cámara lo que sentía al dedicar su tiempo a la solidaridad: «El problema no es sólo darles la comida. Es darles el cariño que necesitan. Muchos de ellos están faltos de ese afecto y tú les coges de la mano y les dices: ‘Ánimo, vamos a seguir adelante’». Lo que más le gustaba de ayudar, según contaba, era que «cuando se van te dan las gracias y una sonrisa».


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